21.9.10

11 años



Uno de mis sueños era tener una casa y que en ella hubiera un gato negro esperándome, recordándome siempre la belleza que puede encontrarse en la oscuridad.
Gollum es un sueño que tomó cuerpo y me busca y me empuja y hasta me rasguña para que siga soñando.
Gollum es el silencio en movimiento de sus pasos de terciopelo.
Gollum es una miradita de costado, ofuscada, porque le acaricié las orejas sabiendo que no le gusta.
Gollum combate nuestro acelere cotidiano: reclama mimos a la medianoche si no lo acariciamos lo suficiente durante el día.
Feliz cumpleaños, querido gatomonstruo. Deseo que cumplas muchos más.

14.9.10

Mágica


Resultó que la primera salida hacia territorios extraños del hada con sus amigos y su maestra fue de la salita al teatro de títeres. Y se dio que en la obra de títeres un perro mago hizo lo suyo y todo desapareció.
La madre del hada, preocupada por la resolución de la obra, preguntó, con inocencia, ¿y cómo hizo el perro para que todo apareciera de nuevo?
El hada se acomodó el gorro en punta, se sacó unas miguitas de la falda, aguzó las puntas de la estrella de su varita y, tratando de que no se le notara lo que de verdad estaba pensando de su madre, respondió: "con magia, mamá, ¿qué te pensaste?".

Mientras tanto, el superhéroe salía de su última misión virtual y agregó, serio: "obvio, ¿qué te pensaste?".

Resultó, entonces, que la madre murmuró unas palabras inentendibles y se retiró de la escena rumbo a la habitación más alta, a ver si encontraba la rueca para pincharse el dedo a propósito y dormir cien años.

12.9.10

Las tapas de mis novelas III

Cuando me enteré de que La rosa de los vientos sería parte de la colección Barco de Vapor me puse muy feliz. Es el lugar indicado para esta historia de hermanos que se resuelve en Sierra de la Ventana. Tenía el escenario antes que los personajes: el corazón de la novela debía estar en el cerro Tres Picos. Luego, a partir de observar relaciones entre hermanos que no cuajan, que no logran afianzarse en una amistad, aparecieron Gastón y Santiago. Pero el amigo del alma, ese amigo, esa amiga, que es como un hermano, como una hermana, era necesario en la resolución de la historia, por eso está Federico. Estuve largos meses pensando cómo iba a ser todo lo que sucede dentro del cerro Tres Picos. Me gusta cómo quedó. También me gusta la tapa de Juan Pablo Caro. El fuego está como amenaza pero además, para mí, como elemento que funde, que une.

Las tapas de mis novelas II


Tardamos en encontrar una imagen para Eleodoro. Yo tenía en mente a Viviana Garófoli, pero estaba ocupada. Por suerte Constanza Penacini sugirió a Melina Canale y ella estaba disponible para darle una imagen muy personal tanto al protagonista de la historia como al resto de los personajes.
Eleodoro es una historia muy especial para mí; fue escrita en paralelo a El mar y la serpiente. Con un tono muy distinto están aquí las mismas ideas de partida que en la otra. Pero en Eleodoro la fantasía me ayudó a conectar con sensaciones diferentes. Además, gracias a ella conozco a grandes lectores de corta edad que me han enseñado mucho.



La cuarta pata era un texto que, en un principio, no pensaba publicar. Dudaba pues es una historia llena de preguntas sobre la autodiscriminación en la que solemos caer cuando nuestro cuerpo nos impone un desafío. En este caso reemplacé mi gran miopía por una cojera en el personaje de Lu, quien cuenta la historia pero, para el caso, los miedos son similares. Por otro lado, volqué aquí mi preocupación por esos casos de corrupción que dañan el medio ambiente y, por lo tanto, a todos nosotros. Expone muchas de mis ideas y mi relación con la ciencia. Agradezco a Susana Cazenave el haberme convencido de enviarla a la editorial. Palabras aparte se merecen las ilustraciones de Alberto Pez: son tal cual me las había imaginado, la empatía entre texto e imagen le da mucha fuerza al libro. Me han pedido una continuación, estoy pensando seriamente en hacer caso a la sugerencia...

Las tapas de mis novelas

Fue una alegría ver esta foto en la tapa de El mar y la serpiente. Soy yo; tenía aquí unos 5 años y estoy en camisón. En aquella época me despertaba de muy mal humor y lo primero que hacía por la mañana era leer un rato. Mamá colocaba la taza con leche en la biblioteca y allí me dejaba hasta que amainaba mi mufa.
Esta es mi primera novela y, por lo tanto, la que me presentó como autora de literatura infantil y juvenil. Sabía perfectamente lo que quería transmitir desde que comencé pero estaba a ciegas, me guió la intuición y mi saber lector. Para llegar al texto final trabajé varios años, la reescribí tres veces, la corregí y recontra corregí. El resultado me gusta: saboreo mi búsqueda cada vez que releo algún fragmento. Hace ya cinco años que salió y sigue ganando lectores que me acercan sus anécdotas, interpretaciones, abrazos, emociones, invitaciones a viajar hacia otros lugares geográficos y, también, hacia los recuerdos que la novela va generando en todos nosotros.

6.9.10

La escritura: trabajo pesado

Doy con la piedra. Esculpo un poco.
Veo la esencia, deseo
transmitirla.
Tallo. Esculpo. Rayo. Siento
el polvo de piedra sobre mi lengua.
Trago. Espero.
No aún, aún no.
Falta.
La piedra resulta pequeña.
Opinan. Escucho. Proceso.
Comienzo de nuevo. Otra piedra.
La misma esencia.
Dos piedras. Una fallida. Otra posible.
Tallo. Esculpo. Distinto sabor,
polvo nuevo sobre mi lengua.
Me gusta.
Me gusta como va. Pero.
Le falta. Fluidez, textura,
sentido, métrica, melodía, color.
Escupo polvo de piedra.
Lo trago, lo respiro. Poco a poco
la voy encontrando.
La esencia.
Es mía. La tengo. La abrazo.
Mía. Pincha. Fría.
Le doy calor, respiración.
Esto no acaba.
En cada piedra, yo.
Me espero, me escupo, me abrazo.
En cada esencia, yo.
Me pierdo, me pincho, me respiro.

Trabajar sin red tiene sus complicaciones.

4.9.10

Resaca en Colonia - noviembre de 2009


En la orilla del Río de la Plata, donde el agua se une a la tierra de Colonia del Sacramento, transitando la resaca, encontré flores de ceibo, de jacarandá, de retama,de enredadera.
Entremezcladas con palitos, con algas, con papeles de caramelo, con pedazos de vidrio pulido de tanto navegar y rozar, las flores conservan su color; destacan en la arena aunque estén deformadas, aplastadas, mojadas.
Decido imaginar que las flores alimentaron insectos, volaron con el viento y nadaron con el río antes de marchitarse completamente.